«Detrás del acoso escolar puede haber trastornos de personalidad ocultos» Lo que nos recuerda la entrevista en El Comercio

Ayer martes, el periódico El Comercio publicó una amplia entrevista a Esther Blanco García, psicóloga clínica y coordinadora del Grupo de Trabajo de Trastornos de la Personalidad del COPPA, bajo un titular tan claro como incómodo:

Detrás de casos de acoso escolar puede haber trastornos de personalidad ocultos

El texto va mucho más allá del bullying. Es una reflexión sobre cómo estamos entendiendo hoy el malestar psicológico y qué ocurre cuando nos quedamos en la superficie de los síntomas.

Acoso escolar y trastornos de personalidad: claves de la entrevista en El Comercio

1. Más allá de la ansiedad y la depresión: mirar la base de la personalidad

En la entrevista, Esther recuerda que gran parte de la psicología y la psiquiatría actuales se centran en tratar la ansiedad, la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria, pero con frecuencia:

Nos quedamos solo en los síntomas y no buscamos el origen.

Esta «psicología del síntoma» permite aliviar rápidamente, pero deja sin respuesta preguntas de fondo:

¿Por qué se repiten los mismos problemas? ¿Por qué algunos pacientes no mejoran a pesar de probar varios tratamientos «correctos»?

La clave, apunta, está en la personalidad: en cómo cada persona se organiza para sentir, pensar, relacionarse y defenderse del dolor. Cuando esa organización es rígida, extrema o poco integrada, hablamos de trastornos de la personalidad, que no siempre se reconocen a simple vista, pero condicionan la forma en que aparecen la ansiedad, la depresión, los TCA o las conductas de riesgo.

2. Acoso escolar: síntomas visibles, causas invisibles

Una de las partes más potentes del artículo es la que se centra en el acoso escolar. Esther plantea que, igual que ha ocurrido con la ansiedad y la depresión en adolescentes, sabemos que el bullying aumenta, pero no nos preguntamos lo suficiente por qué.

En el caso del acoso, solemos centrar la mirada en el episodio concreto o en el papel de las redes sociales como «culpables». Sin embargo, Esther insiste en que las redes actúan sobre todo como amplificador de algo que ya estaba ocurriendo. El foco clínico debería incluir preguntas como:

  • ¿Qué rasgos de personalidad tiene el agresor?
  • ¿Qué características y vulnerabilidades presenta la víctima?
  • ¿Qué patrones relacionales se repiten en su historia?

No se trata de culpabilizar a nadie, sino de entender que detrás de ciertas dinámicas de acoso puede haber estructuras de personalidad frágiles, impulsivas, dependientes o narcisistas que necesitan una intervención específica, no solo castigos o protocolos de urgencia.

3. Suicidalidad y trastornos de la personalidad: una relación incómoda

La entrevista también aborda la cuestión de las conductas suicidas. Esther recuerda que, por ejemplo, en el trastorno límite de la personalidad la tasa de suicidio es muy elevada, y que detrás de no pocas autolesiones e intentos de suicidio hay trastornos de personalidad no detectados.

Sin embargo, el sistema tiende a responder con intervenciones muy cortas y centradas en la crisis inmediata: estabilizar, medicar, dar el alta. Es necesario, por supuesto, contener el riesgo, pero si no se explora la organización de la personalidad —cómo se vive el abandono, el vacío, la rabia, la identidad— el problema vuelve a aparecer en otro momento o en otra forma.

Aquí Esther señala algo crucial: no basta con pedir más recursos, también hay que cambiar el modo de entender el problema. Tratar solo el síntoma, sin trabajar la estructura de personalidad, es como vaciar agua de una casa inundada sin revisar la grieta por la que entra.

4. Autodiagnósticos en redes sociales: nombres sin comprensión

Otro de los puntos que recoge el artículo es el fenómeno de los autodiagnósticos en redes sociales. Las nuevas generaciones consumen contenido psicológico de forma masiva: vídeos, listas de «signos de que eres TLP / narcisista / ansioso», test rápidos…

Esto tiene una parte positiva (hablar de salud mental ya no es tabú), pero también un riesgo: convertir las etiquetas de personalidad en identidades cerradas, donde todo se explica por el diagnóstico y se pierde la complejidad de la biografía.

Esther alerta de que, sin acompañamiento profesional, estos autodiagnósticos pueden:

  • generar confusión y miedo innecesarios,
  • reforzar la idea de que «soy así y no puedo cambiar»,
  • o alimentar una especie de «narcisismo diagnóstico», donde la etiqueta da pertenencia, pero no ayuda a transformarse.

5. Una cultura que quiere resultados rápidos… y personas que necesitan tiempo

La entrevista también señala un problema de fondo: vivimos en una cultura de la productividad y la urgencia. Se espera que la psicología funcione como un analgésico rápido:

  • unas cuantas sesiones breves,
  • medicación para seguir rindiendo,
  • protocolos protocolizados que encajan en agendas saturadas.

Esther cuestiona este modelo: cuando solo buscamos que el paciente vuelva cuanto antes al trabajo o al aula, corremos el riesgo de reducir la psicoterapia a un ajuste funcional, olvidando la posibilidad de un cambio más profundo y estable.

Trabajar con trastornos de la personalidad exige tiempo, continuidad y una relación terapéutica sólida, capaz de sostener crisis, retrocesos y avances. No es un lujo, es la única forma realista de modificar patrones que se han ido construyendo durante años.

6. Una psicología con biografía

Si tuviéramos que condensar el mensaje del artículo en una frase, sería esta:

No se trata solo de tratar el malestar, sino de entender de dónde viene y cómo se sostiene.

Eso implica una psicología con biografía:

  • que mire más allá del síntoma y del diagnóstico rápido,
  • que tenga en cuenta la historia de apego, los vínculos, la manera de defenderse del dolor,
  • que vea en cada trastorno de la personalidad no un «defecto de fábrica», sino una forma de organización construida en respuesta a la experiencia.

7. Un compromiso desde Asturias

El artículo cierra recordando que, desde Asturias, se está trabajando para que la personalidad ocupe el lugar que merece en la salud mental pública. No solo como categoría diagnóstica, sino como eje para comprender el sufrimiento humano.

El mensaje de fondo es exigente, pero esperanzador:

  • Si solo miramos los síntomas, la psicología se queda corta.
  • Si nos atrevemos a mirar la personalidad, la historia y los vínculos, se abre la posibilidad de tratamientos más honestos, profundos y eficaces.

Porque solo cuando entendemos quién sufre, y no solo qué le pasa, podemos acompañar de verdad a las personas en el camino de cambio.

El Comercio entrevista a Esther Blanco sobre cómo el acoso escolar puede ocultar trastornos de personalidad y por qué es clave mirar más allá del síntoma.
El Comercio entrevista a Esther Blanco sobre cómo el acoso escolar puede ocultar trastornos de personalidad y por qué es clave mirar más allá del síntoma.

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