Trastornos de la personalidad: cuando la rigidez es el enemigo
Los trastornos de la personalidad están hoy en el centro del debate clínico. Constituyen el área de la psicopatología que más actualización requiere si queremos mejorar la calidad de los diagnósticos y de los tratamientos que ofrecemos en consulta.
Con esta idea de fondo, el Colegio Oficial de Psicología del Principado de Asturias ha organizado las I Jornadas Asturianas sobre la Personalidad y sus Trastornos, que se celebrarán del 20 al 24 de octubre, en horario de tarde y en formato online y presencial.
Durante cinco tardes, destacados profesionales analizarán los retos que plantean estos trastornos: la elevada tasa de conductas suicidas, la complejidad del tratamiento, la necesidad de modelos terapéuticos más precisos, flexibles y centrados en la persona.
Cuando se aborda este tipo de dificultades, contar con un psicólogo en Asturias con experiencia en personalidad puede marcar la diferencia en la precisión del diagnóstico y en la eficacia del tratamiento.

La Nueva España se hace eco de las Jornadas
El suplemento «Salud» de La Nueva España publica hoy viernes un reportaje en el que se presenta el sentido de estas Jornadas.
En él se recoge una entrevista a Marino Pérez Álvarez, catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo, y a mí misma, como coordinadora de las Jornadas y responsable del Grupo de Trabajo de Trastornos de la Personalidad del COPPA.
Una de las ideas que subrayo en la entrevista es:
El objetivo no es etiquetar, sino ayudar a cada paciente a conocerse en profundidad y poder moverse con mayor flexibilidad en el mundo.
Es decir, el trabajo con los trastornos de la personalidad no se limita a «poner un nombre» al sufrimiento, sino a acompañar procesos de cambio que afectan a la identidad, a los vínculos y a la forma de estar en la vida.
Más allá del síntoma: conocerse para poder cambiar
En la entrevista reflexiono sobre que la tarea de la psicoterapia no consiste únicamente en aliviar síntomas, sino en ayudar a las personas a:
- conocerse con mayor profundidad,
- comprender el sentido de su malestar,
- y ganar flexibilidad para moverse en el mundo sin quedar atrapadas en los mismos patrones.
El papel del psicoterapeuta va mucho más allá de intervenir sobre la conducta: implica acompañar un análisis profundo de la experiencia interna y de las relaciones, para facilitar una transformación que alcance la identidad, la forma de vincularse y la capacidad de regular las emociones.
Los trastornos de la personalidad implican rigidez, sufrimiento y vulnerabilidad, pero también encierran una posibilidad de cambio cuando se trabaja desde una mirada integradora, rigurosa y empática.
«La rigidez es el enemigo»
En el mismo suplemento, Marino Pérez Álvarez resume una idea esencial:
La rigidez es el enemigo.
Esa frase refleja muy bien el espíritu de estas Jornadas: abrir el pensamiento clínico, recuperar el diálogo entre escuelas (psicoanalítica, cognitivo-conductual, dialéctica, mentalizadora, contextual…) y situar al ser humano —no al diagnóstico— en el centro de la psicoterapia.
Comprender la personalidad significa entenderla como una historia que se organiza, no como un simple listado de síntomas que hay que eliminar.


