Jóvenes asturianos, inteligencia artificial y salud mental: hablar con alguien… o con algo

Hoy, domingo 21 de septiembre, el periódico La Nueva España dedica un reportaje a una tendencia en aumento: jóvenes asturianos que utilizan la inteligencia artificial para desahogarse y sentirse escuchados. ChatGPT y otros chatbots se han convertido en una especie de «confidente disponible 24/7» para muchos adolescentes y jóvenes que buscan alivio rápido, anonimato y cero juicio.

En el reportaje intervienen Esther Blanco García y Elena Arnaiz Ecker, que ponen el foco en los límites y riesgos de esta nueva forma de «hablar de lo que me pasa».

Por qué muchos jóvenes asturianos usan la IA para desahogarse y qué advierten las psicólogas sobre sus límites y riesgos en salud mental.

Lo que la IA sí puede hacer

La inteligencia artificial puede ser útil como herramienta puntual:

  • Ofrecer consejos prácticos o ideas para cuidarse.
  • Proponer ejercicios concretos, pautas de regulación emocional o pequeñas tareas.
  • En algunos chatbots especializados, incluir intervenciones extraídas de módulos de Terapia Dialéctica Conductual (DBT) u otros protocolos, orientadas al cambio conductual inmediato.

Es decir, puede dar recursos, técnicas y recordatorios que, usados con criterio, resultan de ayuda. Pero ahí empiezan también sus límites.

«ChatGPT no te va a juzgar… pero tampoco te va a ayudar a pensar»

Tal como señala el reportaje, una de las frases clave es:

ChatGPT no te va a juzgar, pero tampoco va a hacer que pienses acerca de lo que estás diciendo. No te llevará a una introspección ni a una reflexión real sobre ti mismo.

La IA responde —a veces con aparente calidez y mucho texto—, pero no tiene experiencia propia, ni historia, ni cuerpo, ni límite emocional. No se conmueve, no se desgasta, no se preocupa por ti en el sentido humano del término.

Esther Blanco subraya un matiz esencial:

Un terapeuta dedica la mayor parte del tiempo a preguntar, no a responder. ChatGPT responde, responde y responde.

La psicoterapia no consiste en recibir consejos, sino en pensar contigo, ayudarte a mentalizar (entender lo que sientes, piensas y haces) y acompañarte mientras atraviesas emociones difíciles. Eso requiere alguien que pregunte, espere, tolere silencios y se implique en la relación.

Por eso, aunque la IA pueda ayudarte a ordenar ideas o a obtener información, «jamás podrán sustituir la riqueza emocional de una psicoterapia».

Cultura de la inmediatez: alivio rápido, aprendizaje lento

Para Esther Blanco, el fenómeno de desahogarse con una máquina es también un síntoma de la cultura de la inmediatez:

La necesidad de una respuesta inmediata revela la incapacidad de sostener una emoción y la impulsividad que caracteriza a nuestra sociedad actual. Esa búsqueda de alivio rápido puede impedir que los jóvenes aprendan a regular sus emociones de manera saludable.

Cuando un joven recurre a la IA cada vez que se siente mal, puede recibir un alivio inmediato (al menos, la sensación de que «alguien me contesta»), pero corre el riesgo de no desarrollar habilidades clave:

  • Tolerar la frustración y el malestar sin respuestas instantáneas.
  • Pedir ayuda a personas reales y sostener vínculos complejos.
  • Aprender a esperar, a pensar dos veces antes de actuar, a poner palabras a lo que siente.

La metáfora de Elena Arnaiz: espejo o jaula

Elena Arnaiz aporta una imagen muy potente sobre este nuevo escenario:

En el mejor de los casos, la IA se convierte en un espejo; en el peor, te encierra en él.

En su versión más sana, la IA puede ayudar a reflejar lo que piensas y sientes, como si fuera un cuaderno interactivo para aclarar ideas. Pero si se convierte en tu única vía de desahogo:

  • Puedes quedarte encerrado en un monólogo, sin contraste ni realidad compartida.
  • Tus dudas y sufrimientos se mueven en círculo, sin el encuentro humano que permite matizar, discutir, disentir o abrazar.
  • Se refuerza la idea de que «me entiendo mejor con una máquina que con las personas», profundizando la soledad y el aislamiento.

Entonces… ¿Cómo usar la IA sin perder el vínculo humano?

Algunas ideas básicas para jóvenes (y adultos) que acuden a estos recursos:

Usa la IA como complemento, no como sustituto

Puede ayudarte a buscar información, ejercicios, ideas de autocuidado… pero no reemplaza a un psicólogo, a tu grupo de amigos ni a tu familia.

Si algo te duele de verdad, háblalo con alguien real

Un profesional de salud mental, un familiar de confianza, un profesor, un amigo. El sufrimiento profundo necesita presencia humana, no solo respuestas en pantalla.

Desconfía de las soluciones mágicas e instantáneas

Las emociones difíciles no se resuelven con un click. Si algo promete cambios inmediatos y absolutos, probablemente sea poco realista.

Cuida lo que compartes

Aunque haya políticas de privacidad, todo lo que escribes en herramientas digitales deja un rastro. No conviertas la IA en tu «diario íntimo» sin pensar en ello.

Observa cómo te sientes después de usarla

¿Te quedas más tranquilo y con ganas de hablar con alguien? Bien. ¿Te sientes más aislado, raro o atrapado en tus pensamientos? Es una señal para buscar ayuda profesional.

Un reto para toda la comunidad educativa y sanitaria

El reportaje de La Nueva España pone sobre la mesa un desafío nuevo: acompañar a los jóvenes en su relación con la tecnología, ayudándoles a aprovechar lo mejor de la IA sin perder lo esencial:

  • La experiencia de ser escuchados por alguien que les mira, les espera y se implica.
  • La posibilidad de sentirse acompañados en un proceso de cambio real, más allá de la inmediatez.

Desde nuestro ámbito clínico, la reflexión de Esther Blanco García y Elena Arnaiz Ecker es clara: la IA puede ser una herramienta poderosa, pero no sabe sostener un silencio, no sabe mirar a los ojos, no sabe esperar a que nazca una pregunta difícil.

Ese trabajo sigue siendo humano. Y es, precisamente, ahí donde la psicoterapia mantiene todo su sentido.

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