El cuerpo tiene memoria: una conversación clínica sobre trauma y somatización en Oviedo

El jueves 4 de diciembre tuve el privilegio de acompañar en Oviedo a Natalia Seijo en la presentación de su libro El cuerpo tiene memoria, una obra imprescindible para comprender cómo el trauma —grande y pequeño— puede inscribirse en el cuerpo y expresarse en forma de síntomas físicos muy reales.

La jornada se abrió en la sede del Colegio Oficial de la Psicología del Principado de Asturias (COPPA) y continuó por la tarde en la Librería Cervantes, que nos acogió con una calidez y una cercanía que hicieron posible un diálogo especialmente vivo entre profesionales y público general. La acogida del libro fue extraordinaria: tanto por su utilidad clínica para quienes trabajamos en salud mental y medicina, como por su claridad divulgativa para acercar el fenómeno de la psicosomática a cualquier persona interesada, sin simplificarlo ni convertirlo en un eslogan.

El cuerpo tiene memoria: una conversación clínica sobre trauma y somatización en Oviedo

Una conversación clínica: Natalia Seijo en conversación con Esther Blanco

En ambas presentaciones no fue un formato de «charla» al uso, sino una conversación clínica. Y para mí tuvo un valor especial poder sostener ese diálogo con Natalia desde mi propio recorrido profesional.

Soy Esther Blanco García, psicoterapeuta, y cuento con un Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Complutense de Madrid. Esa formación y mi experiencia clínica me han llevado a estar muy familiarizada con un punto que atraviesa tanto el libro como la consulta cotidiana: el cuerpo no es solo el escenario del síntoma, sino también el lugar donde se registra lo que no pudo ser elaborado, especialmente cuando hablamos de apego, disociación, trauma complejo y sufrimiento somático.

Por eso, el eje del encuentro fue precisamente ese: poner en diálogo —con rigor pero de forma comprensible— la perspectiva de Natalia (más de dos décadas de clínica centrada en trauma y cuerpo) con mi enfoque como terapeuta especializada en TCA, abriendo un espacio en el que el público pudo ver cómo se piensa clínicamente un síntoma cuando el cuerpo está hablando por una historia emocional.

Quién es Natalia Seijo y desde dónde habla

El cuerpo tiene memoria: una conversación clínica sobre trauma y somatización en Oviedo
Presentación del libro El cuerpo tiene memoria, junto a su autora, Natalia Seijo.

Natalia Seijo es psicóloga clínica y directora del NS Centro de Psicoterapia y Trauma en Ferrol (A Coruña). Desde el año 2000 trabaja de forma continuada en psicoterapia: más de dos décadas de experiencia y un volumen muy amplio de pacientes atendidos en el ámbito del trauma complejo, el apego, la disociación, los trastornos de la conducta alimentaria y la psicosomática médica.

Su trayectoria se ha centrado especialmente en personas que llegan a consulta tras un largo peregrinaje por especialidades médicas: exploraciones, pruebas «normales», diagnósticos poco concluyentes… y, sin embargo, un sufrimiento corporal real, persistente e incapacitante. Dolor crónico, fatiga extrema, síntomas neurológicos funcionales, cuadros digestivos o dermatológicos ligados a la historia emocional, e incluso procesos complejos como ciertas enfermedades autoinmunes donde, sin negar la dimensión biológica, se observa con frecuencia una carga traumática sostenida que actúa como factor de vulnerabilidad y desestabilización.

Además, Natalia compagina la clínica con la docencia universitaria. Forma parte del equipo del Máster en Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Universidad Complutense de Madrid, donde aporta su mirada sobre trauma, apego y cuerpo en los trastornos alimentarios, y participa en diferentes programas de formación avanzada en trauma y psicosomática.

Ella misma ha dicho en alguna ocasión que, si la psicología no hubiera sido su trabajo, habría sido igualmente su hobby. Y, sinceramente, esa frase se notó en la presentación: en la forma de responder, de matizar, de sostener preguntas difíciles sin dogmatismos.

El cuerpo recuerda: del trauma a la clínica actual

El cuerpo tiene memoria nace de la combinación de experiencia clínica, rigor y vocación. No es solo un libro divulgativo para el público general; es también una invitación a que los profesionales repensemos cómo entendemos los síntomas físicos cuando «la medicina no explica lo que ocurre».

En el corazón del libro está la idea de trauma psicológico en un sentido muy cercano al que ya describía Pierre Janet: experiencias que desbordan la capacidad de integración del sujeto y producen efectos disgregadores en la mente y el cuerpo. Natalia recuerda que el trauma puede ser:

  • por impacto (eventos muy intensos),
  • por repetición (vivencias adversas mantenidas en el tiempo),
  • por omisión (negligencias, ausencia de cuidados, frialdad afectiva, no haber sido visto ni tenido en cuenta).

Cuando estas experiencias no se elaboran, el sistema de defensa se organiza para sobrevivir, pero a costa de dejar huellas somáticas y sensoriales que años después se traducen en síntomas. De ahí una tesis central del libro que vertebró nuestro diálogo: la somatización puede entenderse como una adaptación tardía, una expresión diferida del trauma vivido.

Lo que en el pasado fue una defensa necesaria —no sentir, no recordar, no conectar con ciertas emociones— reaparece en el presente como dolor, fatiga o problemas digestivos. Pero también como crisis neurológicas funcionales o desregulación inmune. Y aquí se insistió en algo que, como terapeuta, considero crucial: estos cuadros no son «teatro» ni «exageración». El sufrimiento es real. Lo que cambia es el marco desde el que lo entendemos.

Trauma con «T» y trauma con «t»

También subrayamos una idea que el público recogió con especial interés: el trauma no siempre es una catástrofe visible con «T mayúscula». Muchas veces son traumas con «t minúscula»: humillaciones, rechazo repetido, frialdad relacional, omisiones de cuidado. Por repetición, estas experiencias acaban configurando cómo el sistema nervioso, el sistema inmune y el cuerpo entero responden al estrés.

Este punto, en la conversación conmigo, abrió un debate muy fértil: cómo esos traumas «pequeños» —precisamente por ser invisibles y crónicos— pueden sostener durante años conductas de control, disociación corporal o patrones alimentarios desregulados, y cómo el síntoma muchas veces funciona como «solución» cuando no hay otra vía disponible.

¿Qué es somatizar? Terminología, matices y realismo clínico

El libro dedica varios capítulos a aclarar la terminología clínica. Se define la somatización como la tendencia a expresar el malestar emocional a través del cuerpo. Cuando una experiencia resulta demasiado dolorosa, confusa o abrumadora para ser procesada con palabras o pensamientos, el cuerpo se convierte en canal de expresión.

Dolor, fatiga, tensión, problemas digestivos, dificultades respiratorias, alteraciones sensoriales… A veces no hay una causa médica clara porque el origen es emocional y psicológico, aunque el sufrimiento es completamente real.

Natalia diferencia con precisión:

  • Síntomas psicosomáticos, donde factores emocionales y relacionales influyen en órganos y sistemas.
  • Síntomas sin explicación médica aparente, con pruebas normales pero malestar intenso.
  • Síntomas neurológicos funcionales, como parálisis, temblores, crisis no epilépticas o alteraciones sensoriales sin lesión demostrable.

Propone además una distinción útil entre síntomas biológicos, emocionales, imaginativos y cognitivos, que ayuda a ordenar la intervención sin reducir el problema a una sola causa.

Y aquí aparece una distinción clave: «enfermedad» (alteración objetivable) no siempre equivale a «dolencia» (vivencia de malestar). Puede haber poca enfermedad con mucha dolencia, y a la inversa. El campo psicosomático se sitúa precisamente en esa brecha.

Defensas, emociones y «desplazamiento hacia el síntoma»

Uno de los núcleos clínicos del libro es la articulación entre defensas psicológicas y síntomas. Natalia da un lugar central a tres emociones que funcionan muchas veces como emociones defensivas: vergüenza, miedo y rabia.

No son «malas». Fueron recursos de supervivencia. El problema surge cuando se cronifican y bloquean el acceso al dolor de fondo. El libro lo nombra como «desplazamiento hacia el síntoma»: lo que no se puede sentir o pensar termina sustituyéndose por un síntoma corporal.

En ese sentido, el síntoma deja de ser un enemigo a silenciar y pasa a ser un mensajero: dice algo que todavía no pudo pasar por la palabra.

«Bajar defensas» y el vínculo terapéutico

El capítulo «La difícil tarea de bajar las defensas» es el eje terapéutico del libro. Natalia describe las defensas como capas de protección: necesarias en su momento, pero a veces convertidas en barreras. Utiliza la imagen de los «joyeros internos», compartimentos donde se guardan vivencias intolerables. No desaparecen: se quedan cerrados, y el cuerpo paga el precio.

El trabajo terapéutico, tal y como lo plantea, no consiste en arrancar defensas, sino en:

  • suavizarlas sin desbordar al paciente,
  • crear un vínculo seguro,
  • ayudar a que lo que estaba solo en la memoria corporal pueda pasar a la memoria narrativa, a la palabra y a un pensamiento compartido.

Ese fue uno de los momentos más importantes del diálogo: cuando el público entendió que «escuchar el cuerpo» no es romantizar el síntoma, sino abrir una vía clínica de integración real.

Agradecimientos

Presentación del libro El cuerpo tiene memoria, junto a su autora, Natalia Seijo.

Gracias al COPPA por abrir sus puertas y por impulsar espacios donde la clínica y la sociedad se encuentran. Gracias a la Librería Cervantes por cuidar cada detalle y por facilitar un encuentro cálido y cercano. Gracias a Natalia Seijo por su trabajo clínico y docente, por el rigor y la humanidad con la que escribe, y por haber convertido la presentación en una conversación profunda y útil, también conmigo, para que lo que se debatía no se quedara en teoría sino que aterrizara en clínica.

Y gracias al público asistente, tanto profesionales como personas interesadas en la psicosomática: sus preguntas hicieron de la tarde un encuentro especialmente bonito y enriquecedor.

En resumen, El cuerpo tiene memoria es el resultado de más de veinticinco años de trabajo clínico sostenido desde el año 2000 y de una mirada que invita a integrar, con rigor y sin prejuicios, lo que la clínica nos muestra cada día: que el cuerpo no solo sufre el trauma, también lo recuerda, lo expresa y, bien acompañado, puede participar activamente en su elaboración y en la recuperación.

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